miércoles, 20 de agosto de 2014

Quizá sea el momento de hacerles caso

"Mano con esfera reflectante" (1935). Esta obra, de aspecto algo inquietante, en la que el pintor se retrata así mismo, es además un ejemplo de como en una pequeña porción de esfera se refleja gran cantidad del espacio que la rodea.(All M.C. Escher works (c) 2003)

Se aproxima una crisis de percepción. La complejidad del mundo ha llevado al ser humano a simplificar la realidad, a abstraer la naturaleza para hacerla cognoscible y, tristemente, a caer en la trampa de la dualidad. Bien y mal; objetivo y subjetivo; arriba y abajo. Pero la tendencia a ordenarlo todo choca con la misma realidad, irregular y discontinua. Muchos científicos ya han renunciado a la ilusión del orden para dedicarse al estudio del caos, que acepta al mundo tal y como es: una imprevisible totalidad.

A mediados de este siglo, la evolución de la ciencia se vio alterada por una reflexión comparable a esta: "conocemos el movimiento de los planetas, la composición de las moléculas, los métodos para explotar la energía nuclear..., pero ignoramos por qué las cebras tienen manchas o el motivo de que un día llueva y al siguiente haga sol". La búsqueda de una explicación a los fenómenos naturales que observamos, complejos e irresolubles mediante fórmulas, configuró lo que se conoce como Teoría del Caos, una disciplina que, si bien no niega el mérito de la ciencia clásica, propone un nuevo modo de estudiar la realidad.

Un ligero vistazo a nuestro alrededor advierte de la tendencia general al desorden: un cristal se rompe, el agua de un vaso se derrama... nunca ocurre al revés. Pero, contrariamente a lo que se piensa, este desorden no implica confusión. Los sistemas caóticos se caracterizan por su adaptación al cambio y, en consecuencia, por su estabilidad. Si tiramos una piedra a un río, su cauce no se ve afectado; no sucedería lo mismo si el río fuera un sistema ordenado en el que cada partícula tuviera una trayectoria fija; el orden se derrumbaría.

Las leyes del caos ofrecen una explicación para la mayoría de los fenómenos naturales, desde el origen del Universo a la propagación de un incendio o a la evolución de una sociedad. Entonces, ¿por qué lleva la humanidad tantos siglos sumida en el engaño del orden? El problema parte del concepto clásico de ciencia, que exige la capacidad para predecir de forma certera y precisa la evolución de un objeto dado.

Descartes aseguraba que si se fabricara una máquina tan potente que conociera la posición de todas las partículas y que utilizara las leyes de Newton para saber su evolución futura se podría predecir cualquier cosa del Universo. Esta afirmación, tan reduccionista como audaz, ilustra la euforia científica tras el descubrimiento de Neptuno gracias a las leyes de gravitación de Newton. Un hito científico que impuso el orden, el determinismo y la predicción en la labor investigadora y limitó los objetivos a los fenómenos que coincidieran con el patrón previo. Lo demás (turbulencias, irregularidades, etcétera) quedó relegado a la categoría de ruido, cuando ese ruido abarcaba la mayoría de lo observable. Los físicos se dedicaron - y se dedican - a descomponer sistemas complejos corrigiendo lo que no cuadraba con la esperanza de que las pequeñas oscilaciones no afectaran al resultado. Nada más lejos de la realidad.

(I) EL FANTASMA DE LA NO LINEALIDAD

Henri Poincaré
A finales del siglo pasado, el matemático y físico Henri Poincaré cuestionó la perfección newtoniana en relación con las órbitas planetarias, lo que se conoce como el problema de los tres cuerpos. Planteaba una atracción gravitatoria múltiple, que hasta entonces se resolvía con las leyes de Newton y la suma de un pequeño valor que compensara la atracción del tercer elemento. Poincaré descubrió que, en situaciones críticas, ese tirón gravitatorio mínimo podía realimentarse hasta producir un efecto de resonancia que modificara la órbita o incluso lanzara el planeta fuera del sistema solar. Este devastador fenómeno se asemeja al acople del sonido cuando un micrófono y su altavoz se encuentran próximos: el sonido que emite el amplificador vuelve al micrófono y se oye un pitido desagradable. Los procesos de realimentación se corresponden en física con las ecuaciones iterativas, donde el resultado del proceso es utilizado nuevamente como punto de partida para el mismo proceso. De esta forma se constituyen los sistemas no lineales, que abarcan el 90% de los objetos existentes. El ideal clásico sólo contemplaba sistemas lineales, en los que efecto y causa se identifican plenamente; se sumaban las partes y se obtenía la totalidad. Poincaré introdujo el fantasma de la no linealidad, donde origen y resultado divergen y las fórmulas no sirven para resolver el sistema. Se había dado el primer paso hacia la Teoría del Caos.

(II) SEGUNDO PASO: EL EFECTO MARIPOSA

"Espero que Dios no sea tan cruel para hacer que el mundo esté dirigido por fórmulas no lineales", comentaban algunos científicos en la década de los 50. Resultó que, en efecto, la naturaleza se regía por ellos. En consecuencia, como indica Ignacio García de la Rosa, astrofísico del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), "el término ‘no lineal’ es un poco injusto; sería como llamar a los animales elefantes y no elefantes, pero como en aquellos tiempos no se podían estudiar estos sistemas, se redujo la terminología". En este caso, la panacea se manifestó en forma de ordenador que, aunque no podía resolver la naturaleza no lineal mediante fórmulas, permitía realizar simulaciones.

Edward Lorenz
En 1960, el meteorólogo Edward Lorenz dio, sin proponérselo, el segundo paso hacia la Teoría del Caos. Entusiasta del tiempo, se dedicaba a estudiar las leyes atmosféricas y realizar simulaciones a partir de sus parámetros más elementales. Un día, para estudiar con más detenimiento una sucesión de datos, copió los números de la impresión anterior y los introdujo en la máquina. El resultado le conmocionó. Su tiempo, a escasa distancia del punto de partida, divergía algo del obtenido con anterioridad, pero al cabo de pocos meses -ficticios- las pautas perdían la semejanza por completo. Lorenz examinó sus números y descubrió que el problema se hallaba en los decimales; el ordenador guardaba seis, pero para ahorrar espacio él sólo introdujo tres, convencido de que el resultado apenas se resentiría. Esta inocente actuación fijó el final de los pronósticos a largo plazo y puso de manifiesto la extremada sensibilidad de los sistemas no lineales: el llamado "efecto mariposa" o "dependencia sensible de las condiciones iniciales". Se trata de la influencia que la más mínima perturbación en el estado inicial del sistema puede tener sobre el resultado final o, como recoge el escritor James Gleick, "si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene".

  Cualquier variación, ya sea en una milésima o una millonésima, constituye una pequeña muesca que modificará el sistema hasta el punto de hacerlo imprevisible. La iteración ofrece resultados estables hasta cierto punto, pero cuando éste se supera el sistema se derrumba en el caos. Los científicos J. Briggs y F. D. Peat aplican esta idea al ciclo vital humano: "Nuestro envejecimiento se puede abordar como un proceso donde la iteración constante de nuestras células al fin introduce un plegamiento y una divergencia que altera nuestras condiciones iniciales y lentamente nos desintegra".

(III) TERCER PASO: DIGIRIENDO LA COMPLEJIDAD

El carácter no lineal e iterativo de los sistemas de la naturaleza permite que instrucciones muy sencillas originen estructuras extremadamente complejas. La física de la complejidad busca reglas simples que expliquen estos organismos complejos. El astrofísico Ignacio García de la Rosa parte de la pirámide de la evolución (que incluye quarks, núcleos atómicos, átomos, moléculas simples, biomoléculas células, organismos y sociedades) para tratar la complejidad: "La mayor parte de la materia -señala- se encuentra en los estadios inferiores y no forma elementos más desarrollados, de modo que la pirámide va cerrándose; nosotros somos una minoría en comparación con todo el material que hay en el Universo. La pirámide va de la abundancia de lo sencillo a la complejidad de lo escaso".

Este concepto guarda relación con el de lenguaje, que parte de las letras y pasa por las palabras, frases, párrafos, capítulos, libros, etc... con la peculiaridad de que las letras no tienen nada que ver con las palabras y así sucesivamente. Del mismo modo que la "z" no está emparentada con el concepto de "azul", las moléculas que dan origen a una cebra no determinan su constitución. Las estructuras complejas tienen propiedades ajenas a los ingredientes anteriores, lo que plantea un problema para la ciencia, que pierde su capacidad de predicción.

En la física clásica se presupone que los objetos son independientes de la escala que se emplee para medirlos y que existe la posibilidad de relacionarlos con su medida exacta. No así en la geometría fractal y la lógica borrosa, instrumentos empleados por los científicos del caos. Bart Kosko, autor de la llamada lógica borrosa, afirma de modo tajante que "cuanto más de cerca se mira un problema en el mundo real, tanto más borrosa se vuelve su solución".

Pero si la precisión difumina aún más el objeto de estudio, ¿qué estrategia debe emplearse para estudiar los sistemas complejos? Aquí interviene la teoría de la totalidad, que concibe el mundo como un todo orgánico, fluido e interconectado. Si algo falla no debe buscarse la "parte dañada", como en el caso de un televisor o una lavadora, sino que hay que revisar el sistema al completo, se trata de una unidad indisoluble. El gran error histórico de la ciencia consiste en observar la naturaleza de modo fragmentado y explicarlo todo mediante la suma de partes, ignorando dos cuestiones primordiales: la imposibilidad de "meter la totalidad en el bolsillo", porque el bolsillo también forma parte de ella, y la dependencia que existe entre el observador, lo observado y el proceso de observación; el hombre integra la realidad, de modo que su mera presencia altera el objeto de estudio.

La obsesión por interpretar el caos desde el punto de vista del orden debe dejar paso a una interpretación global, que salva las fronteras de las diferentes disciplinas y acepta la paradoja que convierte lo simple y lo complejo, el orden y el caos, en elementos inseparables. De hecho, lo más complejo que ha concebido el hombre, el fractal de Mandelbrot, se creó a partir de una ecuación iterativa muy simple; el caos es una inagotable fuente de creatividad, de la que puede también surgir el orden (y viceversa). Las civilizaciones antiguas creían en la armonía entre el caos y el orden, y definían el caos como una "suerte de orden implícito".... Quizá sea el momento de hacerles caso.

Cita
Cuando todo vuelva a retirarse a la matriz del tiempo, reinará el caos de nuevo, y el caos es la partitura en la que está escrita la realidad.

Fuentes:
http://www.iac.es/gabinete/difus/ciencia/silbia/caos.htm
http://www.ilusionario.es/CLASICOS/obr_escher.htm
http://0607filosofia.wikispaces.com/Libertad+y+determinismo+%28Descartes%29

La única ventana... al MUNDO?

El primer partido internacional de fútbol entre selecciones se disputó hace más de 140 años, el sábado 30 de noviembre de 1872, en los campos de Hamilton Crescent, en Partick, al oeste de Glasgow. Sobre el césped del West of Scotland Cricket Ground, las selecciones de Escocia e Inglaterra se enfrentaron, ante la mirada de unos 4.000 espectadores que habían pagado un chelín por entrada, vistiendo sus colores que se han hecho tradicionales. El encuentro terminó con empate a cero. Los once futbolistas de Escocia pertenecían al Queen’s Park FC, el principal equipo aficionado de Glasgow, y fueron convocados por Robert W. Gardner, capitán y guardameta. El conjunto inglés fue seleccionado por Charles Alcock, secretario de la Football Association (FA), federación inglesa, eligiendo jugadores de hasta nueve clubes distintos, siendo Oxford University el único que tuvo más de un representante, tres en concreto incluído el capitán Cuthbert Ottaway, un sportsmen de la época que llegó a competir por su universidad en cinco deportes diferentes . El partido, programado para las 14 horas, se retrasó veinte minutos a causa de la niebla.

Si el fútbol fuera un juego, nada alrededor del mismo podría ser cuestionable. Sería tan sólo un entretenimiento, y nadie sería tan estúpido como para atacar una inocente distracción lúdica. Nada hay de insalubre en la diversión (al contrario), tampoco en el entretenimiento, ni en la distracción. Por nuestra parte, no encontramos nada censurable en que una persona se entretenga con un partido de fútbol; no obstante, el hecho de que millones de personas aparenten elegir el mismo partido de fútbol como único entretenimiento posible, puede parecer sospechoso.

Más sospechoso aún resulta que los noticiarios televisivos y periódicos dediquen al menos un terciode su tiempo y espacio al fútbol. Muchísimo más sospechoso resulta que ciertos partidos de fútbol sean verdaderos “actos oficiales” a los que asisten jefes de estado, primeros ministros y familias reales. Pero, en verdad, lo que supone ser delatador es comprobar la brutal huella que ha dejado el fútbol en la sociedad moderna, la función que aquel tiene en esta, y la cantidad de energía que moviliza algo en apariencia tan inocente como un juego. He aquí la primera declaración: el fútbol no es un juego. Todo lo aquí expuesto está lejos de ser un juego. Y al referirse al aspecto oculto del fútbol, no vamos a aludir a lo sucio que por ser sucio no deja de ser ampliamente conocido.

Resulta famosa y asumida como algo habitual, la costumbre europea de utilizar el fútbol como una forma de blanquear dinero, bien de grandes grupos constructores, bien de personalidades relacionadas con el tráfico de drogas y otros negocios ilícitos. Que el deporte en general -y el fútbol en particular- sean lavadoras de capital, lo sabe todo el mundo, y si alguien tiene alguna duda ahí están los sacos rotos de Silvio Berlusconi en 1995, Jesús Gil en 2002, y más recientemente los casos de Kia Joorabchian, Alexandre Martins, Reinaldo Pitta, o las conocidas relaciones con la mafia de Roman Abramovich. La cara oculta del fútbol tampoco es el hecho ya divulgado de que la organización internacional que administra este deporte (La FIFA) esté carcomida por la corrupción, así como ha denunciado el periodista Andrew Jennings. Tampoco lo es la archiconocida dependencia del fútbol con las grandes multinacionales textiles deportivas que manufacturan sus productos en estados-taller con los que pactan condiciones infrahumanas para sus trabajadores. Nada de esto resulta ser el aspecto oculto del fútbol, sólo parte de su cloaca, bien asumida, bien disimulada, bien perfumada, pero por todos conocida.

Hay una presencia más oscura y más cotidiana del fútbol, y por eso mismo más imperceptible: la función que desempeña el fútbol en la ingeniería social del Nuevo Orden Mundial, la impactante influencia del fútbol en todos los aspectos de la sociedad moderna, la utilización del fútbol como potente herramienta con la que el massmedia hace su trabajo de control mental e hipnosis de masas. Esta importancia del fútbol va más allá de la función del clásico “circenses” para el pueblo o, al menos, nunca antes ninguna fuerza imperial dispuso de los potentísimos medios de los que se sirve este moderno colisseo global. Todos los grandes grupos de massmedia tienen dos prensas especializadas que nunca faltan como periódicos de tirada regular: el económico y el deportivo. Si este gran grupo es europeo, ya sabemos a lo que dedica más de un tercio de su trabajo: ¡a informar sobre fútbol! Por supuesto, nada de esto es casual, ni es fruto de un noble amor por el deporte. El interés que hace del deporte –y del fútbol- lo que es, es poder desarrollar una plataforma de manipulación social sólo comparable en Europa con las dos que en este capítulo se han tratado. En el caso concreto del fútbol, las principales funciones que desempeña en esta ingeniería social se pueden dividir en los siguientes tres puntos:

Función 1:

A través del fútbol, se fijan e imponen los modelos filosóficos, comportamentales, estéticos (e incluso, de pura peluquería) que aspiran a ser aplicables a todas las razas, condiciones y edades de la nueva sociedad moderna. Así, el futbolista de élite se presenta como un moderno Aquiles de plástico y gomina, un héroe vaciado de heroísmo que se convierte en un mero maniquí del perfecto triunfador global, una deidad invertida llevada al panteón publicitario de la moda pasajera. No hay nadie en Europa tan socialmente valorado como un futbolista de élite: se trata de alguien conocido por muchas personas, que gana mucho dinero marcando muchos goles y ganando muchos partidos; se trata de un auténtico “campeón de la cantidad”. El objetivo final de esta figura sería integrarla en la cultura pop y todo el abanico publicitario. El primer ejemplo triunfante de este completo modelo global fue David Beckham; tras este triunfo, le siguieron muchos otros como Freddie Ljungberg, Thierry Henry o Cristiano Ronaldo, todas figuras perfiladas en la Barclays Premier League inglesa.

Sin embargo, si estos iconos comportamentales son de utilidad en la ingeniería social europea, lo son muchísimo más en las sociedades llamadas “tercermundistas”. Si en los “países desarrollados”, los modelos impuestos son potentes influencias comportamentales y la juventud los imita, en los países más pobres el modelo del futbolista se convierte en la única oportunidad de “integración social” para millones de niños y adolescentes. Poco importa el hecho de que esta oportunidad sea una ilusión, y que sólo un porcentaje residual tenga acceso a una mínima profesionalidad como futbolista. Este es el único sueño impuesto a chavales de la África rural, el extrarradio porteño o la favela brasileña. Su situación desesperada de acorralamiento hace que se depositen todas las energías en la única vía de escape concebible.




En esta situación, es donde la FIFA, a través de su proyecto “Goal”, trabaja en enternecedoras campañas filantrópicas en las que se regalan a las poblaciones más pobres, pelotitas de fútbol y camisetas firmadas por el astro de turno. Esta misma filantropía es la que ocultan proyectos caritativos de corporaciones deportivas en África, así como el patrocinio de clubes de fútbol por parte de potentes ONG ́s y plataformas de la ONU como Unicef.
Proyecto Goal
Todo busca un objetivo: esperanzar ilusoriamente con los encantos del prestigio social del futbolista de élite. Se trata de imponer una única vía de supervivencia: una vía que saca de una miseria para llevar a otra miseria diferente, una vía que permite pasar de la desnutrición a las mansiones grotescas, los coches deportivos de lujo, y la prostitución de alto standing. Se entenderá fácilmente que todo este entramado sólo genera (a unos y a otros, tanto al individuo como socialmente) un único sentimiento: frustración. Esta frustración resultará clave para la función que exponemos en el siguiente punto.

Función 2

Otra función que el fútbol desempeña, esta con respecto al aficionado, es una bien reconocible: la canalización de la tensión nerviosa hacia una actividad estéril. Así, a través de los medios de comunicación, todo el descontento, la insatisfacción y la rebeldía que podrían motivar un cuestionamiento crítico por parte del individuo, van destinados a la afición futbolística. Se entenderá así porqué los más fervientes aficionados al fútbol son los individuos más alejados de cualquier práctica deportiva. La energía destructiva generada en el individuo por la vida moderna, es condensada en “noventa minutos de odio”. Durante ese tiempo, el pacífico ciudadano puede insultar, juzgar, reclamar, patalear y criticar a su antojo, siempre dentro del contexto ad hoc: el fútbol. Así, la agresividad no es en ningún caso sublimada, muy por el contrario, sólo es concentrada y dirigida hacia una pasión yerma y absurda. Resulta natural que al pretender controlar y manipular la energía nerviosa de la masa de semejante forma, muchas veces el fútbol acabe en episodios de violencia. Ésta es la estructura de la pasión futbolística, que a su vez desempeña una tercera función en la ingeniería social del Nuevo Orden Mundial.

Función 3

La afición al fútbol de clubes, el pertenecer a un equipo, el “sentir los colores” supone ser un ejercicio devocional cuanto menos curioso: se trata de apoyar sentimentalmente a un colectivo sin ideología, sin ninguna base de cohesión intelectual, sin ninguna identidad natural, que no representa ya a ninguna raza, pueblo o ciudad, que no está unido por valor común alguno, y que sólo tienen una única finalidad bien explícita: la victoria consistente en superar al rival en un parcial numérico. El fanatismo por un club de fútbol cualquiera tiene su calco en el mundo empresarial: el fanatismo corporativista. Este reflejo puede confundirse completamente cuando se ve a algunos clubes cotizando en bolsa. Un hincha de un equipo cualquiera y un perfecto trabajador corporativista aspiran a la misma cosa: participar en el éxito (bien en forma de goleada, bien en forma de beneficio económico) de una entidad que les es ajena personalmente, a la cual pertenecen desde un anonimato numérico. Y esa es la tercera función que desempeña el fútbol en el Nuevo Orden Mundial: entrenar a la población en el fervor descerebrado, en la devoción mística del cordero, en la lealtad del rebaño, es decir, en el fanatismo corporativista.

Por lo tanto, estas suponen ser las funciones del fútbol resumidas en tres puntos. Les habrá que se pregunten por qué precisamente es el fútbol el deporte escogido y no otro. Si existe una respuesta adecuada a esa pregunta, estará en la estructura y el origen mismo del fútbol, que -como todo el mundo sabe- es inglés. Es indudable que la expansión del fútbol está estrechamente relacionada con el imperialismo británico, y nadie puede negar que el fútbol es el deporte más popular, como la lengua inglesa es la lengua más hablada o la música pop el folclore más bailado. Sin embargo, esto tampoco explicaría que el fútbol sea el aspirante a deporte global, y no, por ejemplo, el hockey. ¿Por qué precisamente el fútbol? Todo juego tradicional es eso mismo porque parte de su estructura y reglamento están relacionados con los principios metafísicos donde se apoya dicha tradición, y así es, por ejemplo, como sucede con el ajedrez indio o el tlachtli azteca. En el caso del deporte moderno (como inversión profana de un juego), no es extraño encontrar relaciones con el simbolismo de grupos contrainiciáticos. Se podría hacer un estudio sobre los paralelismos simbólicos de muchos deportes británicos y la ritualística francmasona.

Reglamento del Comité de la Universidad de Cambridge
Así, en el fútbol, el cual se desarrolló como lo conocemos a través de un reglamento conformado en 1848 por una hermandad estudiantil de Cambridge(1), podemos ver como en sus primeros códigos los equipos no eran once contra once, sino doce contra doce, disponiendo ya cada equipo de un técnico o entrenador. Por lo tanto, el equipo de fútbol original estaría formado por 13 (12+1) miembros, siendo este 13 (descompuesto en 12+1) un simbolismo harto abusado por las logias francmasonas inglesas del siglo XIX. El simbolismo del número 13, ilustrado con la figura cristiana de “los doce apóstoles y el Mesías”, estaría en toda la estructura, ritualística y gradación del Rito Escocés. Además, la estructura del equipo de fútbol estaría relacionada con las teorías modernas de organización social que tanto gustaban a la francmasonería británica, al inspirarse con torpeza en la división de castas de su colonia india.
Así, el equipo estaría formado por un mister o entrenador que no interviene materialmente en el juego y que aporta su guía invisible (el sumo sacerdote, el brahman), unos valientes atacantes que aspiraban a la gloria del gol a través de la rapidez y el movimiento (los guerreros, los chatrias), unos defensores que administran, protegen y distribuyen el juego (los comerciantes, los vaishias), y finalmente, los porteros que a través de sus manos, no tienen otra función que contener y soportar la furia del ataque enemigo (los trabajadores, los shudras) Existen sin duda más relaciones simbólicas interesantes que nos aportan datos sobre el origen del fútbol, pero con todos ellos, sólo obtendríamos hipótesis que podrían ser interpretadas por algunos de nuestros lectores como vana especulación. Además, estas implicaciones no parecen tener solución de continuidad sencilla con lo que el fútbol ha llegado a ser hoy en día: una poderosa herramienta de control mental al servicio de los arquitectos globales, un péndulo de hipnosis de masas en manos del massmedia, una plataforma de manipulación social nunca antes conocida.

Un ejemplo de ello es, El holding NFL que administra los intereses económicos de 32 franquicias. Es el modelo de negocio más sólido de la industria de las Grandes Ligas, y por su éxito, referente mundial del deporte empresa, gracias a la figura de libre inversión que convoca tanto a poderosos grupos industriales como a millonarios que buscan reconocimiento de imagen corporativa y personal tras el espectáculo que ‘alimenta’ el orgullo americano a lo largo y ancho del país.
Esta plataforma que se ha expuesto (Industria del cine + “cultura pop” + deporte) tendría un núcleo común de fácil identificación: los medios audiovisuales. Resulta relativamente sencillo evaluar en cualquier ciudadano el impacto de la superestructura de control mental de masas que se esconde tras los medios audiovisuales. Basta con preguntar a cualquier hombre moderno, ¿qué opinas sobre esto o aquello? Independientemente de cuál sea su opinión, las fuentes de su información vendrán de la plataforma audiovisual. Todo lo que el hombre moderno piensa, quiere, necesita, opina, rechaza, sigue, admira, detesta, sufre, goza, anhela, desea y compra, se impone como contenido subconsciente colectivo a través de los medios audiovisuales de la televisión, el cine, el internet… Fuera de esa estructura, no hay nada más allá de la limitada percepción concreta de su día a día en la sociedad moderna: el desayuno, el trabajo, el transporte, sus vecinos… La plataforma mediática se convierte así para el “nuevo hombre”, no sólo en “una ventana al mundo”, sino en la “única ventana al mundo”.

Fuentes:
http://www.ibnasad.com/
http://www.lulu.com/shop/ibn-asad/la-danza-final-de-kali-2%C2%AA-edici%C3%B3n/paperback/product-14924234.html
http://www.martiperarnau.com/historias/el-primer-partido-internacional-de-futbol/
http://www.bbc.com/sport/0/football/15480890
http://es.fifa.com/aboutfifa/footballdevelopment/projects/goalprogramme/index.html
http://ul-newton.lib.cam.ac.uk/vwebv/holdingsInfo?bibId=4818432
https://specialcollections.blog.lib.cam.ac.uk/?p=5891
http://www.thefa.com/about-football-association/fa150

Notas
(1)Los nuevos estudiantes se reunían para jugar al fútbol, ​​pero todos tenían diferentes ideas sobre cómo se debe jugar el juego. En 1846, los estudiantes de Cambridge de varias escuelas se reunieron en el Trinity College para hacer frente a este problema y, en 1848, establecieron las primeras reglas del juego. "El juego de invierno: reglas del fútbol, ​​por J.C.T"; a las que se añaden las reglas del Comité de la Universidad de Cambridge y la Asociación Londres.